
Un besito enorme a todos y..
¡Hasta la vuelta!
(...que la primavera nos acompañe.. ;)

Un besito enorme a todos y..
¡Hasta la vuelta!
(...que la primavera nos acompañe.. ;)
Voy y vengo, voy y vengo....la calle me saluda y nada pasa a la par que nada se detiene, qué situación tan extraña mascullan mis dientes unos con otros y todos entre sí....
¡siento que se me estresa hasta el hastío!
(Que raros suenan los pasos en un hospital...huecos...sin voz...sin eco. Miro por la ventana rota, Granollers a mis pies y yo en aquel planeta tras la lluvia, aquel de allí, aquel.. )

Asomaba la cara en el cristal como si quisiera ver el patio tras una membrana coloreada observándolo con sigilo, midiendo milimétricamente todo hasta centrarse en mí, la niña sentada en el suelo justo enfrente y que parecía sonreírle.. Y en realidad lo hacía, sonreía…pero no a él, sino a la escena…y es que en su afán por ver los laterales del patio había aplastado de tal forma su nariz contra el cristal que a mí me pareció una naranja con orejas a punto de exprimirse. Al sentirse descubierto se apartó inmediatamente y desapareció tras un cosmos de oscuridad naranja.
Como el día en que repartieron la salud en el mundo yo estaba de vacaciones por el limbo..mi ya por entonces fragilidad me impedía corretear y jugar al látigo (un juego que consistía en correr todos cogidos de la mano y girar de golpe desmembrando al último infeliz y enviándolo a otro planeta)… No me importaba lo más mínimo. Me gustaba buscar la soledad para rescatar de la mochila mis tebeos, mis libretas y sobretodo mi libro, mi tessssooro.. “La llamada de la Selva” ….el primer libro de mi vida que leí a conciencia y que releí cien veces en voz alta a los demás niños (ya por entonces descubrí que mi necesidad de soledad partía del hecho de que jamás estaba sola). Así que aquel patio infinito se convirtió en mi particular trono-refugio... Me encantaba sentarme al sol como un lagarto a leer (creo que en esos días se forjaron todas mis pecas, sí) a observar como los tobillos de los niños tenían voz y hablaban, a entender el lenguaje de un caminar, un gesto, una sonrisa… Desde mi perspectiva de reina del suelo veía la vida serpentear, fluir de otro modo, un modo que me situaba como observadora central del hormiguero y saciaba, en parte, mi vena contemplativa.

(Primera -y quizá última- parte de un recuerdo..)
No soy escritora.
Ni escribidora, ni escrilográfica, lo mío es el garabatísmo, simplemente. Y lo bueno de los garabatos o las divagaciones es que no siguen norma ni lógica alguna, son de libre interpretación, crecen sin complejos y se aplastan sobre un teclado o un papel, así...tal cual nacen, con los rulos puestos y sin aspirar a ser comprendidos..
( ni siquiera -y sobre todo-..por mí ).
Como nubes de agosto, todo pasa.
La vida nos demuestra
que se puede vivir sin casi todo.
(Haiku)
“Pongo estos seis versos en mi botella al mar
con el secreto designio de que algún día
llegue a una playa casi desierta
y un niño la encuentre y la destape
y en lugar de versos extraiga piedritas
y socorros y alertas y caracoles…”
Mario Benedetti – (“Botella al mar”)
